VOX, CEPR Policy Portal

Nota del autor: Esta columna fue escrita con prisa y en condiciones de estrés. Pedimos disculpas por las omisiones y los errores. Siguiendo el espíritu de los borradores y correos electrónicos de Alberto, esta columna puede tener erratas.

Pocos economistas han tenido el gigantesco impacto en nuestra disciplina que tuvo Alberto Alesina. Bastantes economistas escriben grandes e importantes artículos. Sólo unos pocos escriben artículos innovadores y que cambian el campo. Y sólo unos pocos establecen nuevos campos. Alberto, el fundador de la economía política moderna, hizo precisamente eso.

El alcance de Alberto fue ilimitado. Con un enfoque genuinamente interdisciplinario que combinaba la economía con la ciencia política, la sociología, la historia e incluso la antropología cultural, transformó la economía para mejor. También tuvo un profundo impacto en la ciencia política, allanando el camino hacia enfoques más teóricos de los juegos y una sólida investigación empírica.

Pero Alberto no fue sólo uno de los mejores economistas del mundo. Para nosotros, y para muchos otros, era uno de los más divertidos, con un gran sentido del humor autocrítico y un ingenio fantástico. Trabajar con él no sólo era intelectualmente estimulante y gratificante; era divertido.

Su investigación

Macroeconomía política

En la década de 1980, mientras los macroeconomistas trabajaban en sofisticados y elaborados paradigmas dinámicos de la macroeconomía, Alberto tuvo una constatación clave: La «política» -es decir, el proceso a través del cual se promulgan las políticas económicas- estaba ausente de estos marcos. Junto con Guido Tabellini y Torsten Persson, estableció el campo de la economía política moderna, haciendo una gran cantidad de contribuciones esenciales.

En su trabajo independiente, así como con Howard Rosenthal, Allan Drazen, Roberto Perotti y Guido Tabellini, Alberto desarrolló una teoría de los ciclos políticos en las democracias y otros regímenes, estudiando las interconexiones entre los ciclos electorales, presupuestarios y empresariales, e incorporando cuidadosamente los incentivos de los políticos y los burócratas. También hizo avanzar de forma crucial el paradigma de la «elección pública», reflexionando sobre el papel de la ideología en la polarización política (evidente hoy en día, pero nada claro entonces). Al modelar cuidadosamente el gobierno y sus agentes, pensando en el proceso electoral, la heterogeneidad de los votantes y los incentivos dinámicos de los políticos, esta línea de investigación permitió una visión menos ideológica, más equilibrada y más realista de la política económica. En su análisis, Alberto utilizó las herramientas de la modelización macroeconómica dinámica y la teoría de los juegos e inició su adopción en la ciencia política.

Uno de sus trabajos más conocidos en esta línea de investigación es con Larry Summers y muestra que la inflación es menor cuando el banco central tiene más independencia (Alesina y Summers 1993). La inflación, pues, quizá no sea siempre un fenómeno monetario, como decía Milton Friedman, y ni siquiera un fenómeno fiscal, como sostienen algunos keynesianos. Puede ser un fenómeno político. Este trabajo fue decisivo en el movimiento hacia la independencia de los bancos centrales.

Consolidaciones fiscales

El trabajo más discutido de Alberto está relacionado con el impacto de los programas de consolidación fiscal en la economía y las consecuencias electorales de la austeridad. En un artículo escrito justo antes de la crisis de 2007-2009, Alberto y Silvia Ardagna demostraron que los programas de consolidación centrados en los recortes del gasto son más «exitosos» desde el punto de vista del crecimiento que los programas que se apoyan en el aumento de los impuestos. Esta investigación dio lugar a un polémico debate con otros economistas influyentes durante la Gran Recesión y la posterior austeridad en el Reino Unido y la zona del euro. Algunos tildaron a Alberto de «halcón conservador», ya que demostró que algunos programas de austeridad asociados a recortes de gastos y depreciaciones podían tener éxito. Para nosotros, esta era una caracterización injusta de su pensamiento abierto, creativo y liberal (en el verdadero sentido de la palabra). Pero las críticas no le detuvieron. En un trabajo posterior con Carlo Favero y Francecso Giavazzi, abordó la crítica y los comentarios de frente, amplió los datos y proporcionó una visión panorámica de docenas de programas de consolidación fiscal, destacando las partes que funcionaron y las que no. Su reciente libro, Austeridad: When it Works and When it Doesn’t (Alesina et al. 2019), es una lectura sine qua non para los responsables políticos de todo el mundo.

Desigualdad y desarrollo

En un trabajo conjunto con Dani Rodrik (Alesina y Rodrik 1994), Alberto fue uno de los primeros en pensar en las interrelaciones entre la desigualdad, la política y el crecimiento económico, haciéndose eco de trabajos independientes publicados al mismo tiempo por Torsten Persson y Guido Tabellini. Como bien señala Guido Tabellini, esto reflejaba su experiencia infantil en la Italia de los años 70, «un periodo de duros conflictos ideológicos y políticos, con una polarización extrema que provocaba frecuentes huelgas, terrorismo de izquierdas y fuga de capitales».1 Su idea era que la desigualdad puede disuadir de la inversión y el crecimiento al estimular las luchas políticas. A pesar de creer en el libre mercado, a Alberto le preocupaba el aumento de la desigualdad y la disminución de las oportunidades. Estos serán los temas recurrentes de su investigación. En un trabajo conjunto, por ejemplo, estudiaríamos las desigualdades entre líneas étnicas (Alesina et al. 2016b) y la movilidad intergeneracional en Estados Unidos (Alesina et al. 2018a), así como en África (Alesina et al. 2020a).

Naciones y economía política

Los economistas, los politólogos y el público dan por hecho la existencia, el tamaño y la composición de los países. En contra de la corriente dominante, Alberto destacó la endogeneidad de las naciones. En un importante trabajo con sus alumnos, Romain Wacziarg y Enrico Spolaore, modelizó las compensaciones derivadas del tamaño del país, la fragmentación etnolingüística y la provisión de bienes públicos en la creación, el tamaño y la capacidad de las naciones (Alesina y Spolaore 1997). La investigación combinó ideas de la economía política clásica con herramientas teóricas modernas y análisis empíricos para estudiar cuestiones como el impacto del comercio en el desarrollo de países de distintos tamaños y el papel de la fragmentación en la cohesión y los bienes públicos de los países (Alesina y Spolaore 2005a). Como suele ocurrir en sus investigaciones, las conclusiones eran sencillas pero contundentes. Los países grandes se benefician de un gran mercado interno y de compartir los elevados costes fijos de los bienes públicos, pero sufren pérdidas por los mayores niveles de fragmentación etnolingüística. Los países pequeños son los que más se benefician del comercio internacional. Alberto y Enrico Spolaore escribieron un libro que resume y amplía este importante trabajo (Alesina y Spolaore 2005a). En un trabajo más reciente con Paola Giuliano, Brynony Reich y Alessandro Ribboni, Alberto exploró las políticas de construcción nacional, como la expansión de la educación obligatoria o las guerras extranjeras (Alesina et al. 2017a), distinguiendo cuidadosamente entre sus funciones en las democracias y en las autocracias (Alesina et al. 2018b).

En trabajos posteriores, Alberto utilizó este enfoque teórico para entender las compensaciones que implica la construcción de uniones internacionales como la UE (Alesina et al. 2005a). Los países que se plantean formar una unión deben pensar en los beneficios derivados de la centralización de las políticas y los bienes públicos y en las pérdidas derivadas de la coordinación y las políticas de talla única. Su planteamiento permite pensar en la flexibilidad de las normas, la discrecionalidad de las políticas y las similitudes de los países, que son las cuestiones fundamentales a las que se enfrentan la UE y otras organizaciones internacionales. Su artículo del año 2000, titulado «Economic Integration and Political Disintegration» (Alesina et al. 2000) fue profético y sigue siendo muy relevante hoy en día. Asimismo, sus primeros trabajos sobre las zonas monetarias óptimas (Alesina et al. 2003a) con Robert Barro y Silvana Tenreyro, otra alumna, siguen siendo relevantes, pues van mucho más allá del marco mundelliano clásico. Mientras la mayoría hacía cálculos económicos de coste-beneficio para la UE, Alberto pensaba en los riesgos políticos, los beneficios de la centralización y las probables vulnerabilidades sociopolíticas.

En una serie de trabajos (con Ed Glaeser, Bruce Sacerdote y George-Marios Angeletos, entre otros), Alberto estudió el papel de la homogeneidad étnica y la confianza en las diferencias transatlánticas sobre la equidad a la hora de configurar las preferencias por la redistribución (Alesina y Angeletos 2005), el estado del bienestar (Alesina et al. 2001), la confianza, las pautas de trabajo-ocio (Alesina et al. 2005b) y los impuestos. Se trata de un trabajo pionero, ya que pocos economistas prestaban mucha atención a la confianza, el capital social y los valores cívicos, o a su impacto en las políticas del Estado del bienestar.

Fraccionamiento

En un trabajo fundamental con un punto de vista global, Alberto exploró las implicaciones del fraccionamiento en las instituciones, la democracia, los conflictos, los bienes públicos y el desarrollo. En esta investigación colaboró con antiguos alumnos, como Elianna La Ferrara, Katia Zhuravskaya y Romain Wacziarg, y con colegas como Bill Easterly.

Como era típico de su enfoque, primero escarbaba en los datos para entender los patrones empíricos centrales. La primera contribución de esta agenda fue proporcionar nuevas estadísticas a nivel de país sobre la fragmentación y polarización étnica, lingüística y religiosa (Alesina et al. 2003b); medidas de artificialidad estatal (Alesina et al. 2011), basadas en el grado de rectitud o irregularidad de las fronteras nacionales y en la separación de los territorios habitados por diferentes grupos étnicos; indicadores de segregación (Alesina y Zhuravskaya, 2011), basados en la agrupación de los grupos étnicos y religiosos en el espacio; e indicadores indirectos de la desigualdad étnica (Alesina et al., 2016), que utilizan imágenes por satélite de la densidad de luz nocturna en los territorios lingüísticos. Cientos de expertos han utilizado, ampliado y procesado las nuevas estadísticas recopiladas, no solo en economía, sino también en sociología y ciencias políticas.

En segundo lugar, desarrollaba modelos sencillos, formalizando alguna idea intuitiva, para interpretar los datos. Excelentes aplicaciones de este enfoque son su artículo con Eliana La Ferrara sobre la diversidad racial y la participación política en las localidades estadounidenses (Alesina y La Ferrara 2000) y su artículo con Reza Baqir y Caroline Hoxby sobre la fragmentación racial y la desigualdad en la escolarización en Estados Unidos (Alesina et al. 2004). En un artículo con Philippe Aghion y Francecso Trebbi, Alberto endogeniza la capacidad institucional de los países, relacionándola con la composición de la sociedad, el tamaño del grupo minoritario y la fragmentación (Aghion et al. 2004).

En tercer lugar, Alberto ampliaría estos análisis, aportando ideas de otros ámbitos y áreas. Por ejemplo, en un trabajo de seguimiento con Philippe Aghion y Franceso Trebbi (Alesina et al. 2008), demostraría que las democracias promueven la entrada y, por tanto, ejercen un efecto desproporcionadamente positivo en el crecimiento de la productividad de los sectores más avanzados. Con Francesco Trebbi y Guido Tabellini, Alberto mezcló las ideas de esta línea de investigación con su trabajo anterior sobre las uniones internacionales para estudiar la evolución de la heterogeneidad en las creencias, la confianza y los valores entre los países de la UE en contraste con los Estados Unidos (Alesina et al. 2017a). La UE parece bastante fragmentada, pero la mayoría de las diferencias se dan dentro de los países, no entre ellos. Los medios de comunicación y los comentaristas destacan las diferencias entre, por ejemplo, los italianos y los alemanes en cuanto a confianza, valores y actitudes, pero la heterogeneidad de creencias más llamativa se da, de hecho, dentro de Alemania y dentro de Italia. Curiosamente, Estados Unidos no es muy diferente: la heterogeneidad intraestatal empequeñece la variación interestatal.

Economía cultural

Alberto fue uno de los fundadores de la investigación moderna sobre cultura y economía. Durante décadas, la economía había dejado de lado las cuestiones relacionadas con la confianza, los valores morales, las creencias y las normas. Alberto estaba marcado por las grandes diferencias de creencias y valores entre el Norte y el Sur de su nativa y querida Italia. Creía firmemente en la necesidad de la profesión de entender cómo se forma la cultura, cómo se transmite y cómo afecta a la política y la economía. Junto con Paola Giuliano, Yann Algan y Piere Cahuc, entre otros, estudió el papel de los vínculos familiares en las instituciones, el estado de bienestar, la competencia y las preferencias políticas (Alesina y Giuliano 2014). Por ejemplo, mostró cómo los fuertes lazos familiares conducen racionalmente a una regulación e instituciones del mercado laboral escleróticas, lo que podría amplificar el desempleo y conducir a salarios más bajos (Alesina et al. 2014). En otro trabajo con Nicola Fuchs-Schündeln, mostró cómo el comunismo afecta a las preferencias y valores individuales, mucho después de la caída del Telón de Acero (Alesina y Fuchs-Schündeln 2007). En estudios fascinantes, Alberto, Paola Giuliano y Nathan Nunn conectaron el uso del arado agrícola en la época preindustrial con las diferencias en el papel de la mujer y las preferencias por los niños sobre las niñas (Alesina et al. 2018c).

Hechos y realidades

Durante los últimos años, hemos trabajado juntos en proyectos que pretenden mapear y comprender las considerables diferencias entre las realidades y las percepciones de la gente, por ejemplo, sobre la movilidad intergeneracional y la inmigración. En una serie de artículos, aprovechamos encuestas a gran escala recién diseñadas en varios países para documentar cómo piensa la gente sobre la redistribución, la movilidad social y el sueño americano (Alesina et al. 2018d), y la inmigración (Alesina et al. 2018e). También mostramos cómo las percepciones erróneas en todos estos dominios se correlacionan con la orientación política y la ideología. En particular, los estadounidenses no solo están polarizados en sus opiniones sobre la política, sino incluso en su percepción de la «realidad», es decir, de los hechos básicos (Alesina et al. 2020b). Demostramos que los estadounidenses son demasiado optimistas sobre el «sueño americano», mientras que los europeos son demasiado pesimistas, y que los que creen en una mayor movilidad intergeneracional exigen menos redistribución (Alesina et al. 2018d). Exploramos cómo las creencias de la gente sobre los inmigrantes en Europa y Estados Unidos son sistemáticamente erróneas y excesivamente negativas, y que el mero hecho de proporcionar datos no cambia mucho las opiniones (Alesina et al. 2018e). Experimentalmente, demostramos que incluso el mero hecho de hacer que la gente piense en los inmigrantes genera menos apoyo a la redistribución y proporciona un marco conceptual simple para capturar la interacción entre las creencias y las preferencias cuando se trata de la diversidad, la inmigración y las minorías (Alesina y Stantcheva 2020).

Movilidad social

Alberto también estaba trabajando en la movilidad social en las economías de frontera. En un trabajo conjunto con Stelios Michalopoulos y Sebastian Hohmann, proporcionamos nuevas medidas de movilidad intergeneracional a través y dentro de los países africanos, descubriendo vastas disparidades regionales de oportunidades y demostrando aún más el impacto causal de las regiones (Alesina et al. 2020a). En los últimos días, hemos revisado nuestros documentos complementarios sobre el papel de la religión y la etnia en la configuración de la movilidad en África. Alberto también ha estado trabajando en la movilidad intergeneracional en China (Alesina et al. 2020c). Su investigación se basa de nuevo en una observación intrigante. A pesar de la Revolución Cultural y el Gran Salto Adelante, que casi eliminaron las disparidades de ingresos, hay una persistencia significativa en la movilidad en China, ya que los ingresos actuales se relacionan con la educación de las familias antes de estas audaces políticas. Este trabajo no sólo es fascinante, ya que documenta la persistencia incluso en este caso extremo, sino que seguramente tendrá implicaciones políticas no despreciables en China.

Alberto fue tan prolífico que podríamos seguir y seguir. La amplitud de los temas que trató queda ejemplificada en su trabajo de 2002 sobre ayuda exterior y corrupción con Beatrice Weder di Mauro, su trabajo de 2014 sobre el sesgo racial en la condena a la pena capital en Estados Unidos con Eliana La Ferrara, o su más reciente investigación sobre estereotipos con Michela Carlana, Elianna La Ferrara y Paolo Pinotti (Alesina et al. 2018f).

Su liderazgo

NBER

Alberto fue el director fundador del grupo de trabajo de Economía Política del National Bureau of Economic Research. Como líder sorprendente y enérgico, ha trabajado incansablemente para ampliar la amplitud y profundidad del grupo. Al principio, los miembros del grupo eran en su mayoría académicos de Europa y América Latina. Con el paso del tiempo, el grupo creció y las cuestiones debatidas en las reuniones se volvieron muy diversas, reflejando el hambre de Alberto por aprender más y explorar nuevos temas. Alberto desempeñó un papel decisivo en el creciente alcance internacional del NBER. Gracias a él, las ponencias abarcaron también la UE, que estaba pasando de ser una zona de libre comercio a una unión monetaria, América Latina, Asia e incluso África. Sorprendentemente, Alberto ha realizado trabajos relevantes para todos estos continentes.

Alberto fue también una fuerza en la notable apertura del NBER. El campo no podría haber esperado un líder más abierto. Su mantra estaba en la pregunta. Mientras fuera interesante, controvertida y novedosa, la metodología era de importancia secundaria. Seleccionaba trabajos de todo tipo: empíricos, aplicados, teóricos, estructurales o descriptivos. La amplitud de los temas representados es también asombrosa: economía de los medios de comunicación; populismo; percepciones y creencias; política étnica africana; desarrollo histórico en América, África y Asia; movilidad intergeneracional en Estados Unidos, China, Europa y África; teoría del crecimiento unificado; esclavitud; regulación bancaria; la administración otomana de Egipto; las reservas indígenas americanas; cultura y nutrición en la India; el papel de las narrativas; etc.

Sus reflexiones durante las presentaciones fueron inestimables y a menudo se combinaron con bromas y risas. Ilyana Kuziemko recuerda con cariño que anunciaba enfáticamente que sólo se permitían preguntas aclaratorias durante la presentación, para poco después utilizar su «privilegio de organizador» para «romper las reglas» y hacer una pregunta conceptual.

En 2010, Alberto ayudó a Alberto Bisin y Paola Giuliano a iniciar una reunión de primavera de «Economía de la Cultura y las Instituciones» dentro del grupo de Economía Política para cubrir la investigación sobre las interacciones entre la cultura, las instituciones y el desarrollo (para la visión general de Alberto, véase Alesina y Giuliano 2015).

Irónicamente, en una reunión reciente, estaba recordando los primeros años del grupo de Economía Política. Concluyó argumentando lo orgulloso que estaba de que esta red hubiera crecido tanto, haciendo importantes contribuciones a la profesión y a todos sus miembros.

Un jugador de equipo

Para que los líderes realicen cambios impactantes, necesitan reunir a la gente, formar un equipo y centrarse constructivamente en los aspectos positivos. Alberto hizo precisamente eso. Además de trabajar con muchos académicos consagrados, Alberto trabajó y educó a muchos jóvenes economistas fantásticos, que ahora son voces destacadas en este campo. Lo que le convirtió en un gran mentor fue su capacidad para dejar que sus coautores y colaboradores más jóvenes siguieran sus intereses. Siempre se interesaba por todo y estaba deseoso de aprender sobre cosas que no conocía. También se enorgullecía de sus alumnos, cuyas investigaciones evolucionaban hacia áreas relativamente alejadas de las suyas, por ejemplo, hacia la macroeconomía o el desarrollo, áreas muy cercanas a su corazón. A lo largo de los años, invitó a docenas de jóvenes estudiantes de doctorado de muchas escuelas europeas a pasar un año o un semestre en Harvard, asistiendo a cursos y seminarios, y siguiendo su agenda, en lugar de la suya. Se centraba en la pregunta, la motivación y el impulso del estudiante, más que en las notas o en las largas cartas de referencia.

Bocconi, CEPR y Europa

Alberto pasó casi toda su vida profesional en Harvard. Fue profesor adjunto durante dos años en Carnegie Mellon. Pero siguió profundamente vinculado a Italia y a Europa. Visitaba la Universidad Bocconi varias veces al año para colaborar con coautores, colegas y estudiantes. Lo que más le gustaba era enseñar e interactuar con los estudiantes. Fue una inspiración para cientos de estudiantes en Italia y Europa para seguir sus caminos y sueños de investigación. En muchas ocasiones, cuando presentábamos en seminarios o conferencias por toda Europa, los jóvenes estudiantes de doctorado y los profesores asistentes nos decían «hemos hablado con Alberto, tu coautor, hemos hablado de nuestro trabajo y nos ha sugerido x, y, z». Su fallecimiento es un golpe tremendo para los jóvenes aspirantes a académicos. Han perdido una voz de aliento, sabiduría, consejo y pasión que es tan crucial en nuestra profesión. La profesión y cualquier joven académico deberían tomar de él su asombrosa ética de trabajo, el enfoque en las grandes cuestiones importantes, la mezcla de la economía con la política, la historia y la cultura, su interminable curiosidad y su voluntad de aprender.

Alberto Alesina también desempeñó un papel fundamental en el CEPR. Su nombramiento como investigador del CEPR en 1987 se produjo durante su primer año como profesor asistente. Esto fue excepcional, ya que todos los Research Fellows del CEPR de la época eran titulares. Richard Portes lo explica sucintamente: «Estaba claro que era realmente excepcional, ¿por qué esperar?». Alberto contribuyó significativamente al CEPR a lo largo de su carrera. Redactó importantes documentos de conferencias sobre la deuda pública y fue una figura importante en las actividades del CEPR sobre la integración monetaria europea en los primeros años y en el trabajo del Centro sobre economía política dentro de su programa de Macroeconomía Internacional.

Se apasionaba por los problemas económicos del mundo real y por llegar a un público amplio. Contribuyó profusamente a los debates sobre política económica italiana y europea con sus escritos en el Corriere della Serra y para VoxEU, para el que escribió casi 40 columnas. Algunas de sus favoritas son su columna de VoxEU de 2007 sobre «Por qué la izquierda debería aprender a amar el liberalismo», su profecía sobre «El estado de negación económica de Italia», y su libro de 2006, El futuro de Europa: Reforma o decadencia, todos ellos conjuntos con Francesco Giavazzi, su querido amigo.

Harvard

Alberto ocupó la cátedra del Departamento de Economía de Harvard entre 2003 y 2006 y fue ampliamente respetado en este cargo. También fue un fenomenal, puntual y justo editor del Quarterly Journal of Economics entre 1999 y 2004.

Lo personal

Alberto adoraba a su maravillosa esposa Susan. Susan admiraba profundamente a Alberto. Nos contaba historias sobre su duro trabajo, su pasión y su interminable impulso. Alberto también estaba muy unido a su madre y a su hermana. Nuestros corazones están con ellas. Esperamos que les reconforte saber que Alberto ha sido una inspiración para tantos. Susan y Alberto hacían a menudo viajes de aventura, senderismo y esquí, desde Alaska hasta Japón, pasando por su retiro en Courmayeur. Él afirmaba que sus mejores ideas se le ocurrían «en las pistas» o «en el remonte». Bromeaba diciendo que «si el tiempo es malo para esquiar», entonces sería «bueno para nuestro periódico».

Stefanie: Antes de que Alberto se fuera de excursión el sábado, estuvimos intercambiando correos electrónicos sobre uno de nuestros actuales trabajos conjuntos sobre «Raza y Redistribución» para el que habíamos estado recogiendo nuevos datos de encuestas. Estaba muy entusiasmado con la primera serie de resultados, disparando correos electrónicos a una velocidad vertiginosa, y firmó con la nota de que «hablaríamos más» el lunes. Tengo el corazón roto porque el lunes no llegará. Pero he tenido la increíble suerte de ser testigo de la brillantez y la bondad de Alberto desde muy cerca durante muchos años. Tengo nuestro trabajo conjunto para atesorar y nuestras interacciones enriquecedoras y estimulantes para inspirarme. Gracias, Alberto, por todo lo que has hecho por mí y por el mundo.

Elías: Durante las últimas semanas, habíamos estado trabajando en nuestro proyecto sobre «Movilidad social en África». Un minuto después de volver a presentar nuestro trabajo sobre la movilidad intergeneracional en los países africanos el mes pasado, Alberto comenzó inmediatamente a revisar nuestros trabajos complementarios sobre el papel de la religión y la afiliación étnica en la movilidad educativa. Su impulso era infinito. Guardo muchos buenos recuerdos. Sus crípticos y breves correos electrónicos, a menudo en griego antiguo, que creía que Stelios y yo conocíamos (y que él conocía). Nuestros debates políticos, en la mitad de los cuales yo era el «comunista» y él el «neoliberal», y en la otra mitad los papeles se invertían. Sus bromas, a menudo sobre sí mismo. Sus correos electrónicos después de enviarnos el último borrador para presentarlo que había olvidado corregir ortográficamente. Cada vez que nos encontrábamos, nos preguntaba: ¿Sigue Hariklia casada contigo? Nuestras discusiones en medio inglés, medio italiano, medio griego antiguo. En algún momento, Stelios y yo discrepamos sobre algún aspecto de nuestro trabajo. Ambos nos dirigimos a él. ¿Qué opinas? Su respuesta: «Los dos tenéis razón. ¡Disfruto viendo cómo os peleáis! Ahora vamos a escribir el periódico». Dejando a un lado la parte divertida, conservaré de Alberto su patetismo, su espíritu de colaboración, su actitud de poder hacer, su énfasis en lo positivo, su orientación hacia el objetivo y su curiosidad infinita.

Stefanie y Elias: Para el mundo, Alberto Alesina era el economista comprometido y prolífico que mejoraba el debate político. Para la economía, fue un gigante y una fuerza impulsora de la economía política, que creció bajo su dirección hasta convertirse en un importante campo interdisciplinario. Para nosotros, fue nuestro brillante, cálido, divertido, cercano coautor y amigo. Le echaremos mucho de menos.

Aghion, P, A Alesina y F Trebbi (2004), «Endogenous Political Institutions», The Quarterly Journal of Economics 119(2): 565-611.

Alesina, A, y G-M Angeletos (2005), «Fairness and Redistribution», American Economic Review 95(4): 960-980.

Alesina, A y N Fuchs-Schündeln (2007), «Good-Bye Lenin (or Not?): The Effect of Communism on People’s Preferences».

Alesina, A y F Giavazzi (2006), The Future of Europe: Reform or Decline, The MIT Press.

Alesina, A y P Giuliano (2014), «Family Ties», en P Aghion y S N Durlauf (eds), Handbook of Economic Growth, North Holland.

Alesina, A, y P Giuliano (2015), «Culture and Institutions», Journal of Economic Literature 53(4): 898-944.

Alesina, A y E La Ferrara (2000), «Participation in Heterogeneous Communities», The Quarterly Journal of Economics 115(3): 847-904.

Alesina, A y E La Ferrara (2014), «A Test of Racial Bias in Capital Sentencing», American Economic Review 104(11): 3397-3433.

Alesina, A y D Rodrik (1994), «Distributive Politics and Economic Growth», The Quarterly Journal of Economics 109(2): 465-490.

Alesina, A y E Spolaore (1997), «On the Number and Size of Nations», The Quarterly Journal of Economics 112(47): 1027-1056.

Alesina, A y E Spolaore (2005a), «War, peace, and the size of countries», Journal of Public Economics 89: 1333-1354.

Alesina, A y E Spolaore (2005b), The Size of Nations, MIT Press.

Alesina, A y S Stantcheva (2020), «Immigration and assimilation: Diversity, Immigration, and Redistribution», AEA Papers and Proceedings 110: 329-334.

Alesina, A, y L Summers (1993), «Central Bank Independence and Macroeconomic Performance: Some Comparative Evidence», Journal of Money, Credit and Banking 25: 151-62.

Alesina, A y B Weder di Mauro (2002), «Do Corrupt Governments Receive Less Foreign Aid?», The American Economic Review 92(4): 1126-1137.

Alesina, A, y E Zhuravskaya (2011), «Segregation and the Quality of Government in a Cross Section of Countries». American Economic Review 101(5): 1872-1911.

Alesina, A, E Spolaore y R Wacziarg (2000), «Economic Integration and Political Disintegration».

Alesina, A, E Glaeser y B Sacerdote (2001), «Why Doesn’t the US Have a European-Style Welfare System?», NBER Working Paper No. 8524.

Alesina, A, R J Barro y S Tenreyro (2003a), «Optimal Currency Areas», NBER Macroeconomics Annual 2002, Volume 17.

Alesina, A, A Devleeschauwer, W Easterly, S Kurlat y R Wacziarg (2003b), «Fractionalization», Journal of Economic Growth 8: 155-94.

Alesina, A, R Baqir y C Hoxby (2004), «Political Jurisdictions in Heterogeneous Communities», Journal of Political Economy 112(2): 348-396.

Alesina, A, I Angeloni y F Etro (2005a), «International Unions», American Economic Review 95(3): 602-615.

Alesina, A, E Glaeser y B Sacerdote (2005b), «Work and leisure in the U.S. and Europe: Why so different?».

Alesina, A, P Aghion, F Trebbi y E Helpman (2008), «Democracy, Technology and Growth», en Institutions and Economic Performance, Harvard University Press, pp. 511-543.

Alesina, A, W Easterly y J Matuszeski (2011), «Artificial states», Journal of the European Economic Association 9(2): 246-277.

Alesina, A, Y Algan, P Cahuc y P Giuliano (2014), «Family Values and the Regulation of Labor».

Alesina, A, S Michalopoulos y E Papaioannou (2016a), «Ethnic Inequality», Journal of Political Economy 124(2): 428-488.

Alesina, A, S Michalopoulos, y E Papaioannou (2016b), «Ethnic Inequality,» Journal of Political Economy 124(2): 428-488.

Alesina, A, B Reich y A Roboni (2017a), «Nation-Building, Nationalism, and Wars».

Alesina, A, G Tabellini y F Trebbi (2017b) «¿Es Europa un área política óptima?».

Alesina, A, S Stantcheva, y E Teso (2018a), «Intergenerational Mobility and Preferences for Redistribution», American Economic Review 108(2): 521-54.

Alesina, A, P Giuliano y B Reich (2018b), «Nation-Building and Education».

Alesina A, P Giuliano y N Nunn (2018c), «Traditional agricultural practices and the sex ratio today», PLoS ONE 13(1).

Alesina, A, S Stantcheva y E Teso (2018d), «Intergenerational Mobility and Preferences for Redistribution», American Economic Review 108(2): 521-554.

Alesina, A, A Miano y S Stantcheva (2018e), «Immigration and Redistribution», NBER Working Paper 24733.

Alesina, A, M Carlana, E La Ferrara y P Pinotti (2018f), «Revealing Stereotypes: Evidence from Immigrants in Schools».

Alesina, A, Carlo Favero y F Giavazzi (2019), Austerity: When It Works and When It Doesn’t, Princeton University Press.

Alesina, A, S Hohmann, S Michalopoulos y E Papaioannou (2020a), «Intergenerational Mobility in Africa».

Alesina, A, A Miano y S Stantcheva (2020b), «The Polarization of Reality», AEA Papers and Proceedings 110: 324-328

Alesina, A, M Seror, D Y Yang, Y You y W Zeng (2020c), «Persistence through Revolutions».

Endnotes

1 https://promarket.org/2020/05/25/how-political-conflict-shapes-macroeconomics-alberto-alesinas-intellectual-legacy/

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.