Sócrates, Alcibíades y la ambición

Por Robert C. Bartlett, PhD, Boston College
Alcibíades siendo enseñado por Sócrates, Pintura de François-André Vincent 1776
(Imagen: De François-André Vincent – Museo Fabre (folleto)/Dominio público)

El Alcibíades I introduce la relación entre Sócrates y Alcibíades, que evidentemente Platón consideraba muy importante. ¿Por qué? Platón presenta a Sócrates y Alcibíades juntos en un total de cuatro diálogos que relatan el principio, el medio y el final de su tiempo juntos. Ninguna otra persona, aparte del propio Sócrates, por supuesto, aparece con tanta frecuencia en los diálogos.

Alcibíades: Un personaje extravagante

Alcibíades era extraordinariamente guapo. Era rico. Su familia era una de las más distinguidas de Grecia. En resumen, Alcibíades parecía tener el mundo por la cola.

¿Quién era Alcibíades? Fue, sencillamente, una de las figuras más sorprendentes de toda la antigüedad. Nacido y criado en Atenas, vivió entre los años 450 y 404 antes de Cristo. Su padre era Cleinias, y murió en una batalla cuando Alcibíades era muy joven. Alcibíades fue a vivir con su tío, que resultó ser nada menos que el mayor estadista democrático de Atenas, Pericles.

Ilustración de "El regreso de Alcibíades a Atenas" de Walter Crane de La historia de Grecia : contada a niños y niñas (191-?) por Macgregor, Mary.
El regreso de Alcibíades a Atenas en el 407 a.C. tras sus éxitos militares en el extranjero. (Imagen: Por Walter Crane/Dominio público)

Alcibíades era extraordinariamente guapo. Era rico. Su familia era una de las más distinguidas de Grecia. En resumen, Alcibíades parecía tener el mundo por la cola. También tuvo un asombroso y rápido ascenso al poder en Atenas. En el transcurso de la Guerra del Peloponeso contra Esparta y sus aliados, y siendo aún muy joven, Alcibíades consiguió ser elegido como uno de los generales de Atenas. Y no sólo eso, sino que consiguió convencer a la democracia ateniense de que emprendiera un plan alucinantemente ambicioso para conquistar la lejana isla de Sicilia.

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Como nos cuenta el historiador Tucídides, Alcibíades vivió su vida privada de forma muy extravagante. Por ejemplo, él solo inscribió siete caballos en las carreras de cuadrigas olímpicas, quedando en primer, segundo y cuarto lugar; esto era algo muy ostentoso. Sería como poseer dos o tres de los equipos que compiten por la Super Bowl.

Esta extravagancia por parte de Alcibíades hizo que el pueblo, las masas en general, la mayoría de las cuales eran pobres, desconfiaran profundamente de él. ¿Qué es exactamente lo que va a hacer? ¿Qué es lo que pretende exactamente?

Sucedió que en vísperas de que Atenas zarpara con una gran armada para conquistar Sicilia, lo que era de nuevo el plan de Alcibíades, algunos jóvenes mutilaron ciertas estatuas religiosas, lo que fue tomado como un muy mal presagio por las masas. Los enemigos políticos de Alcibíades -tenía, por supuesto, enemigos políticos- se las arreglaron para relacionar su nombre con estas profanaciones religiosas. Poco después de que Alcibíades zarpara hacia Sicilia, el pueblo de Atenas lo llamó a juicio por profanación religiosa. Decidió no volver a Atenas.

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Alcibíades en el exilio

Alcibíades se las arregló para luchar en tres bandos diferentes en la misma guerra…

Así comenzó su más que sorprendente paseo político. Alcibíades fue primero a Esparta, el mayor enemigo de Atenas. Ayudó a Esparta en formas que hicieron un daño real a Atenas. Cuando se agotó en Esparta, Alcibíades se dirigió a la tercera gran potencia de la zona, es decir, Persia, que era el tradicional enemigo de todos los griegos por igual. Allí trató de ejercer toda la influencia que pudo. En resumen, Alcibíades consiguió luchar en tres bandos diferentes en la misma guerra; y lo que es más sorprendente, al final consiguió que le devolvieran a Atenas, después de todo lo que había hecho contra su ciudad.

El asesinato de Alcibíades por los espartanos en el 404 a.C. Pintura de Michele De Napoli 1839
El asesinato de Alcibíades por los persas en el 404 a.C. (Imagen: Por Michele De Napoli/Dominio público)

Aunque consiguió dirigir el esfuerzo bélico ateniense durante un tiempo tras su retirada y dirigirlo bien, finalmente volvió a caer en desgracia con Atenas y se refugió en un lugar llamado Frigia. Allí, algunos agentes persas, probablemente actuando bajo una directiva espartana, asesinaron a Alcibíades en el año 404 a.C.

Aún así, el retrato que hace Tucídides de Alcibíades es, en general, favorable o simpático. En todo caso, Tucídides dice que la conducta de Alcibíades en la guerra fue insuperable y que sólo se le puede reprochar la conducta de su vida privada, que provocó la envidia o el resentimiento del pueblo que era el fundamento evidente de la democracia. Independientemente de lo que podamos pensar de Alcibíades -colorido, talentoso, traicionero y complicado- es extraño que Platón decida destacarlo como alumno de Sócrates. Su asociación en la juventud de Alcibíades metió a Sócrates en un buen lío.

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En el capítulo de Jenofonte de los Memorabilia destinado a exculpar a Sócrates de la acusación de corromper a los jóvenes, Jenofonte se ve obligado a explicar, o explicar, su conexión. Jenofonte argumenta que Alcibíades fue moderado o autocontrolado mientras estuvo con Sócrates y que se volvió tan extravagante sólo cuando rompió con Sócrates.

La persecución de Sócrates

Con esto como prefacio, pasemos ahora a ver la presentación que hace Platón del comienzo de la asociación entre Alcibíades y Sócrates. El diálogo tiene lugar en vísperas de la prevista entrada de Alcibíades en la política democrática ateniense. Joven como es, se cree preparado para dirigir la ciudad. Enseguida nos enteramos de que Sócrates lleva mucho tiempo observando a Alcibíades, pero que ha elegido este momento para hablarle por primera vez.

Alcibíades supone, y Sócrates al principio le da motivos para suponerlo, que Sócrates es un tipo más que corteja al apuesto joven a la manera griega antigua. Sócrates se presenta como un aspirante a amante de Alcibíades, uno que, por alguna razón, nunca se ha acercado a él antes y que persiste en su interés por Alcibíades incluso después de que los otros pretendientes hayan desviado su atención a otra parte.

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Para que conste, el interés de Sócrates por Alcibíades resulta ser enteramente del alma y no del cuerpo. La acción o drama del Alcibíades I incluye una sorprendente transformación: Al principio del diálogo, el pobre y más bien oscuro Sócrates se presenta como un amante que corteja al apuesto y codiciado Alcibíades que, en el mejor de los casos, es indiferente a Sócrates al principio. Al final del diálogo, sin embargo, esto es lo que dice Alcibíades:

Quiero decir lo siguiente; que probablemente cambiaremos los papeles, Sócrates, yo tomando el tuyo y tú el mío, pues a partir de hoy nada podrá impedir que yo te atienda, y tú seas atendido por mí.

Tenemos que preguntarnos, ¿cómo consigue este oscuro compañero Sócrates hacer de Alcibíades no el perseguido sino el perseguidor, deseoso de pasar tiempo con Sócrates por encima de todos los demás? Es una transformación sorprendente.

El mayor deseo de Alcibíades

Alcibíades, adivina Sócrates, quiere gobernar el mundo, y Alcibíades, en efecto, confirma esta afirmación porque no la niega.

Sócrates comienza a cortejar a Alcibíades, si es que esa es la expresión correcta, de una manera consagrada: Lo halaga. Enumera todas las ventajas de Alcibíades en la vida, tanto naturales como convencionales. Sócrates añade: «Si pensara que estás satisfecho con ellas, nunca me habría acercado a ti». Porque resulta que Alcibíades quiere algo más de la vida, incluso más de lo que tiene.

Sócrates llega a decir que si Alcibíades tuviera que elegir entre seguir contento con lo que es y lo que tiene o morir, Alcibíades elegiría morir. Entonces, ¿qué anhela Alcibíades? Sócrates hace una conjetura. Es esto: tener dominio no sólo en Atenas, sino en toda Grecia; y no sólo en Grecia, sino en toda Europa; y no sólo allí, sino también en Asia. Alcibíades, adivina Sócrates, quiere gobernar el mundo, y Alcibíades, en efecto, confirma esta afirmación porque no la niega.

La misma afirmación de esta asombrosa ambición, un joven que literalmente quiere gobernar el mundo, parecería poner a Sócrates y a Alcibíades más lejos. Sin embargo, Sócrates afirma aquí: «No es posible que todas estas cosas que tienes en mente se lleven a cabo sin mí». En efecto, Sócrates dice: si quieres gobernar el mundo, ven a verme primero.

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Lo que sigue es un ejemplo clásico de dialéctica socrática o escrutinio conversacional. Sócrates trata de descubrir qué es lo que Alcibíades cree saber, de modo que ahora puede guiar hábilmente los asuntos públicos atenienses.

Preguntas comunes sobre Sócrates y Alcibíades

P: ¿Quién era exactamente Alcibíades?

Alcibíades era un estadista ateniense estrella con buena apariencia, dinero y una mente inteligente. Era un orador brillante y un general temible.

P: ¿Cómo sabemos de Alcibíades con Sócrates?

Alcibíades fue uno de los alumnos más queridos y asiduos de Sócrates, que aparece en cuatro diálogos.

P: ¿Qué hizo que Alcibíades traicionara a Atenas?

La postura política tan agresiva de Alcibíades hizo que sus enemigos lo echaran de Atenas bajo la acusación de sacrilegio.

P: ¿Qué mató a Alcibíades?

Alcibíades fue asesinado en el año 404 a.C. por las flechas de los soldados persas mientras su casa era incendiada.

Este artículo fue actualizado el 11 de noviembre de 2020

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